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¿Cómo corregir a un gato cuando se porta mal? (Sin regaños, sin miedo, con amor)

Si llegaste hasta aquí es porque seguramente estás lidiando con uno de los comportamientos más frustrantes de los gatos: arañar los muebles, morder sin aviso o hacer pipí donde no es. Pero antes de que pienses en “castigar” a tu gato, tenemos algo importante que contarte: los gatos no hacen nada por maldad. Nunca.

Y no, gritarle, regañarlo o usar un atomizador no va a solucionar nada. De hecho, probablemente lo va a empeorar. Pero tranquila/o, hoy te vamos a contar cómo corregir a un gato cuando se porta mal ¡Vamos paso a paso!

Primero lo más importante: no es rebeldía, es comunicación

Cuando un gato se comporta de forma “rara” o “molesta”, está tratando de decirte algo. Los gatos no hablan, pero sí expresan incomodidad, aburrimiento, estrés o incluso dolor a través de su comportamiento.

Así que lo primero que hay que hacer es preguntarse:

  • ¿Está aburrido o poco estimulado?
  • ¿Hay algo en casa que lo está estresando?
  • ¿Está marcando territorio por ansiedad?
  • ¿Está enfermo o sintiéndose mal?

No lo castigues por comunicarse. Escúchalo.

Entonces… ¿Cómo se corrige a un gato sin gritar?

1. Redirige, no reprimas

Si tu gato araña el sofá, no le digas NO, mejor ponle un rascador atractivo cerca y prémialo cuando lo use. Si muerde jugando, no le ofrezcas tus manos, usa juguetes tipo caña o peluches con catnip. Si orina fuera del arenero, asegúrate de que esté limpio, lejos del ruido, y sin cambios que lo alteren.

Todo mal comportamiento tiene una mejor alternativa que puedes enseñarle.

2. Refuerza lo que hace bien

En vez de castigar lo malo, celebra lo bueno. Si usa su rascador, si se deja cepillar, si va al arenero: dale un snack, una caricia o una palabra dulce. Los gatos sí aprenden con refuerzo positivo… solo que a su ritmo.

3. Evita los castigos visibles

Si necesitas corregir algo puntual (como subirse a la mesa), usa “trucos invisibles”: papel aluminio, cinta doble faz o sonidos que no te asocie a ti. Así aprende que “ese lugar no es chévere”, sin culparte a ti.

Lo que NUNCA recomiendo: atomizadores, gritos, empujones, enciérralos o peor… golpearlos.

4. Sé constante y paciente

Educar a un gato es como cultivar una planta: necesita constancia y cuidado diario. No se trata de regañar, sino de acompañar. Y si hay algo que no entiendes, pregunta. Hay etólogos felinos y veterinarios que te pueden ayudar.

Un gato no necesita miedo para aprender. Necesita sentir confianza, seguridad y opciones. Educar con respeto no solo mejora su conducta, también fortalece el vínculo entre ustedes.

Y si te equivocaste alguna vez… no pasa nada. Todos lo hemos hecho. Lo importante es querer hacerlo mejor.

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